domingo, 23 de mayo de 2010

Exigimos saber toda la verdad y juzgar a los responsables.

Juan Manuel Brieba

¡TODOS SOMOS FAMILIARES!




Nació en Montevideo el 5 de octubre de 1937, soltero, de profesión carpintero y militante del Partido Comunista, fue detenido en su domicilio junto a su madre Elisa Brieba, el 30 de octubre de 1975. Ambos fueron trasladados a un centro de detención que no pudo ser identificado con exactitud, pero por la fecha de detención y los casos conexos de detención de integrantes del Partido Comunista detenidos en esas fechas, se presume que fueron trasladados ambos al centro clandestino de detención que funcionó en uno de los galpones del Servicio de Material y Armamento ubicado en los fondos del predio del Batallón de Infantería Blindado Nº 13. La madre fue puesta en libertad el 4 de noviembre, y testimonia haber escuchado y visto a otros detenidos entre ellos a su propio hijo, consignando que estando en ese lugar escuchaba ruidos de ferrocarril.

Testimonio de Elisa Brieba, madre de Juan Manuel:

El día 30 de octubre de 1975, mientras lavaba sentí que me apuntaban con una metralleta o algo así. Me asusté y me dijeron que fuera para adentro de la casa. Allí veo a mi hijo, que estaba atado pero que podía mover las manos y los pies, al que estaban pateando. Pregunté que le estaban haciendo y me dijeron que fuera para el coche. Intenté cerrar la puerta, me dijeron que no, que allí quedaba gente. Salimos los dos, mi hijo y yo.

Creí que se trataba del cuartel ubicado en las inmediaciones del prado porque se oía muy claramente el ruido de los ferrocarriles, pero me dijeron que no era ese lugar. Allí estuve otros dos días más, y vi a mi hijo, que estaba más flaco y muy pálido. Me hicieron firmar un papel con los ojos cerrados y vendados – no sé lo que era – Cuando estaba firmando ese papel me pusieron un papelito en la mano. Yo no sabía nada de nada de estas cosas. Creí que eso sería una carta de mi hijo donde me decía alguna cosa. Cerré la mano y firmé. Después me metieron en un auto y me llevaron por el Prado. Me hicieron bajar del auto y me sacaron la venda y me dijeron que siguiera para adelante y que no mirara para atrás. Entonces seguí hasta donde había luz, porque estaba muy oscuro. Abrí la mano y vi que tenía un peso para tomar el ómnibus…

Cuando mi vecina me dio, me abrazó y entonces vi que el auto que estaba en la mitad de la calle arrancó ligero. Le pedí a la vecina que me acompañara porque tenía miedo y entonces me dijo: “Quédese en mi casa a dormir que yo mañana la acompaño”. Me quedé en su casa y al otro día me dijeron: “Elisa, se llevaron todo”. Me habían llevado hasta lo más insignificante, un primus, un despertador y el timbre de la casa. Rompieron muchas cosas. Estuve dos o tres años yendo a los cuarteles. Después estuvimos por todos lados pero no supe más nada de mi hijo.
Un testigo tomó el número de la matrícula de los autos y otra señora es testigo de cómo desmantelaron mi casa, ya que hasta la yerba se llevaron, rompieron la bombilla del mate. Agarraron los muebles a patadas.
El cuartel en que estuve detenida, aunque tenía los ojos vendados, oía hablar a mujeres y hombres pero nunca les vi las caras. Me hablaban pero yo soy sorda y nunca entendí. Yo tenía el Nº 63.

“Según la Comisión para la Paz se considera confirmada la desaparición forzada de Juan Manuel Brieba, quien fuera detenido en su domicilio y llevado al Servicio de Material y Armamento a los fondos del Batallón de Infantería Nº 13 (el infierno), donde fue sometido a torturas. Falleció el día 4 de noviembre de 1975 al caer al vacío desde el segundo piso, hallándose esposado y con los ojos vendados. Sus restos abrían sido enterrados primero en el Batallón 14 de Toledo y después exhumaos a fines del año 1984 (operación zanahoria), incinerados y tirados al mar”.
(Del libro “A todos ellos” Informe de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos)

Impunidad:
En términos generales, la impunidad consiste en no castigar al autor de un crímen. Es decir, una ruta para evadir, impedir o sustraerse a la acción penal. En contextos políticos, en especial cuando están involucrados delitos de lesa humanidad, la impunidad se sitúa del lado de los aparatos de poder. Amnistía Internacional ha establecido que la impunidad consiste en no procesar ni castigar a los responsables de violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

Es importante mencionar los complejos procesos de transición a la democracia vividos en América Latina, en países como Chile y Argentina, donde leyes de amnistía que perpetuaron el clima de impunidad, fueron el inmenso precio social pagado para hacer posible esa transición, en el espacio colectivo de negociación. Esto plantea un inmenso reto a la construcción de democracia cuando se emerge de largos procesos signados por el silenciamiento, el terror y la negación de la realidad. La roptura de la impunidad es un paso que históricamente no puede obviarse, ya que ni los pueblos, ni las sociedades, ni las personas, pueden borrar el pasado pues son su producto y viven sus consecuencias.
El olvido se conecta con mecanismos de negación; terror y horror aleccionadores; resignación y desesperanza. En el terreno de la impunidad se siembran las semillas de la repetición.

La falta de justicia hace que se conforme una memoria traumática, es decir, un trauma social que se origina en un contexto de violencia institucionalizada y legitimada por parte del Estado.
Las secuelas del trauma se mantienen en el tiempo más allá de los estados dictatoriales o de la represión política. En consecuencia, si las expectativas de reparación, reconociminto y validez del daño se ven frustradas por el silencio y la falta de justicia, estaríamos frente a un trauma social de mayor intensidad, porque profuniza la sensación de impotencia, desprotección, marginalidad y vulnerabilidad.

En nuestro país se consagró la impunidad para quienes comentieron crímenes durante el período dictatorial. La mayoría del Parlamento Nacional aprobó y promulgó una ley inconstitucional el mismo día que debían declarar ante la justicia, conotados terroristas de Estado. Se cedío al chantaje militar votando una ley que impedía la acción de la justicia y violaba todas las normas internacionales en materia de derechos humanos.
Los hechos del pasado basados en la mentira, la omisión, el encubrimento y el engaño, hoy surgen en la sociedad como lo que fueron: terribles atrocidades. Se ha permitido conocer y confirmar sistemáticas y gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidos por militares y civiles al amparo del apaato del Estado. No obstante, el aberrante instumento jurídico que es la ley de caducidad continúa sustentando la cultura de la impunidad.
Para fortalecer el futuro hay que limpiar bien el pasado, un pasado que para recordarlo no es preciso llamarlo, siempre está ahí, mostrándonos su rostro, el rostro de nuestros seres queridos que el terrorismo de estado mató y desapareció, rostros que pesan en el interior de cada familia, de cada compañero.

Hay que recomponer la marcha de nuestra sociedad hacia una cultura integral de derechos humanos, hay que recobrar la dignidad nacional, hay que anular esa normativa que impide juzgar los crímenes de lesa humanidad y comenzar a construir un modelo de sociedad sobre valores y principios.
Ninguna sociedad sana puede construirse sobre la impunidad de los crímenes más aberrantes de la historia del país. Debemos avanzar en nuestro conocimiento, en nuestro sinceramiento y nuestro entendimento, pero también en la verdad y en la erradicación definitiva de la impunidad.
Reconocer el pasado, pedir perdón a toda la sociedad, buscar la verdad y juzgar a los responsables. Solamente así podemos comenzar tener la paz que tanto necesitamos los uruguayos.


Marys Yic.

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